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Opinión - General
Aportado por Stella Chinchilla   
Viernes, 03 Octubre 2008 18:29
Pbro. Alvaro Sáenz-Zúñiga. Saludos, queridos amigos. Pero el tema que a todos tienen pendientes es el de la situación financiera de los Estados Unidos. Tal parece que ya hay acuerdo para embarcar a 700 mil millones de dólares para qué la banca de ese país no se termine derrumbar. Dicen que el paquetico saldará envuelto en leyes que impidan el despilfarro, para que los fondos asignados vayan a los bancos y no a los bolsillos de los corruptos.

Con ello como que aparentemente se resuelven las cosas, aunque mucha gente que se queda preocupada. Porque no parece lógico que simplemente por poner plata todo empiece a andar bien. Es evidente que andaban mal desde hace meses, por no decir años. A uno le extraña que el responsable de este país haya insistido semana tras semana en que no había crisis, para que resulte que ahora sí la hay y que su propuesta debe aprobarse a golpe de tambor. Pero ese no es mi país. También se intriga uno cuando ve que las condiciones de la economía de los países del mundo están debilitadas, porque ya no hay de dónde sacar plata.

Un amigo me decía si no deberíamos sumar los acontecimientos mundiales con los acontecimientos locales. Se refería a la ley de derechos de autor, al que la Sala Cuarta puso freno porque no se había consultado a las comunidades indígenas, de si no será una señal del cielo precisamente para qué lo volvamos a pensar, es decir, para qué desistamos de amarrarnos a un barco que podría estar haciendo agua e incluso con riesgo de zozobrar. Es claro que las condiciones en que estamos entregándonos a los Estados Unidos por medio del TLC no son las mejores. Pero hay una insistencia, una reiteración constante y permanente de parte de las figuras políticas de nuestro país que le hace a uno sentirse raro. Ellos no ven otra salida a nuestra condición económica mientras que muchos de nosotros vemos que no es salida esto de asociarse a entidades que no tienen buena salud financiera. Yo nunca haría negocios con un banco quebrado. ¿Por qué hacer negocios entonces en un país que podría quebrantarse?

La tarea es dura, ciertamente, porque el futuro no es el mío, ya que la mía es un lapso breve de tiempo y nada puedo hacer para alargarlo, sino el futuro a cientos de años. Una vez más, ¿por qué no calibrar la bondad de esta alianza definitiva y demandante?

Los políticos tienen la papa en la mano. Hace un año estábamos enfrascados en la lucha más interesante que Costa Rica haya vivido en muchos años. Los del "si" ganaron por estrecha minoría. ¿No será acaso que el Señor nos quiere dar la oportunidad para desistir de este negocio que podía ser gacho?

Pero no somos nosotros los que tomamos decisiones. Acaso los políticos tengan mejor visión que nosotros. Les pedimos responsabilidad y justicia. Si ellos representan el país que no haya en sus corazones oscuridades, que no pongan en riesgo el futuro de nuestro país y de nuestros hijos. La historia juzgará los hechos.

Las lecturas de este domingo nos ponen frente a la responsabilidad por el Reino. Con la primera lectura (Ez 18, 25-28), surge una especie de "regla de oro". Siempre gozo con la gente cuando aparece este texto. Hoy quise que se acordaran de los sellos que regalaba en cierto supermercado allá por los 60. Ya nadie se acordaba. Eran "El Soldadito" y los regalos, verdaderas cochinadas, los daban por las gradas del Puente de la Fábrica. Luego vinieron los sellos botija y hoy son puntos de tarjeta. Lo mismo. La gente recibe regalos por acumulación de puntos.

Pero resulta que la vida eterna nada tiene que ver con esto. El cielo ni se gana ni se compra. De poco sirven mis bondades si un día me canso de ser amigo de Dios. Si el justo peca morirá. Pero si el malvado se convierte, se salvará. Todo esto amplia lo del domingo pasado cuando descubríamos que la hora más importante de mi vida es la última. Dios quiere que dedique el resto de mi vida al reino de los cielos. Si soy fiel a esto, Dios me recogerá en su cosecha.

Hoy el Señor me invita a trabajar en su viña, a construir el reino de los cielos. Pero Jesús amplia detalles. Se nos llama a la viña, pero ya no como a jornaleros, sino como hijos del dueño del campo, un finquero que tiene, pues, dos hijos. Los hijos sintetizan las alternativas de la relación del ser humano con Dios, a saber: junto a Él o lejos de Él. Son como los de la parábola del "Hijo pródigo". Si el hijo pródigo se fue, la verdad regresó, mientras que el hermano que se había quedado, en realidad no vivía la comunión con el padre.

Veamos este planteo. Al primer hijo se le pide ir a trabajar a la finca pero reacciona como un adolescente. Dice: "no quiero". Luego cambia de opinión y va a trabajar. El otro, al contrario, responde a la invitación con cierto servilismo hipócrita: "voy de inmediato", pero no va.

El Señor nos recuerda lo que nos cuesta decidirnos entre "hacer lo que Dios quiere" o "seguir nuestro propio deseo". Debemos cumplir lo que Dios nos pide, es decir, adecuar nuestros deseos a su voluntad. De nuevo se nos reitera que lo más importante es lo que hagamos en la última hora de nuestra vida. Decían los abuelos: "de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno". Si al principio no hemos querido ir, convenzámonos de lo urgente que es el que abracemos la voluntad de Dios. ¿Cuántos hemos dicho "sí" a Dios y al final lo dejamos plantado? ¿Cuántos pretendimos ser virtuosos, e incluso superiores a los demás, cuando en realidad éramos mezquinos y egoístas?

Acaso dije "sí", o dije "no", lo realmente valioso es lo que haga. "Obras son amores y no buenas razones" dice otro dicho popular. Cristo agregará: "por sus frutos los conocerán". Quede claro, además, que lo que se ve no es lo esencial, sino lo que se hace. Esto muestra una ironía: muchas veces calificamos de "publicanos" o "prostitutas" a gentes cuya apariencia juzgamos con severidad y resulta que en realidad son mejores que nosotros, actúan con mayor trasparencia, son verdaderos ejemplos de sencillez y rectitud.

Feliz domingo, queridos amigos, feliz día del Señor.
28 de setiembre del 2008
Álvaro Sáenz
Tel: 8386-7229
 

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