Inicio Opinión General Inaudito
Inaudito PDF Imprimir E-mail
Puntuación:  / 0       Calificar:  
Opinión - General
Aportado por Equipo CPs.com   
Martes, 20 Noviembre 2007 09:28
Alvaro Montero Mejía
Momentos antes de que los manifestantes hicieran presencia la fuerza armada bloqueó las vías con un rdio de 100 metros
Como muchas personas lo saben, durante muchísimas semanas nos hemos hecho presentes, todos los lunes a las 8 de la noche, frente a la casa de Oscar Arias, donde leemos una declaración crítica sobre algún tema, generalmente relacionado con las actividades del dueño de esa vivienda.

Casi siempre nos congregamos un grupo de luchadores sociales y aprovechamos para discutir y ponernos al día sobre los asuntos que preocupan a los ciudadanos. A la actividad se han sumado, en diversas oportunidades, poetas, escritores, cantautores y muchos jóvenes estudiantes, que manifiestan sus naturales sentimientos de repudio por las violaciones de la libertad de opinión, a las libertades electorales y a los principios de división de poderes. La protesta es también por la amenaza de venta por parte de Arias, de los valores institucionales, naturales o materiales que son propiedad de todo el pueblo.

Los que nos hemos manifestado allí semana tras semana, lo hemos hecho sin proferir amenazas, sin bloquear ni interrumpir el tránsito, ni manifestar el menor sentimiento agresivo contra nadie y menos contra los encargados de la seguridad de la residencia. Comprendemos que ellos son honorables servidores públicos, que viven de su salario y que están allí para ganarse el pan diario como lo hacen millares de otros compatriotas, hombres y mujeres.

Ayer lunes 18 de Noviembre, decidieron llegar frente a la casa de Arias algunas decenas de jóvenes, con el propósito de entonar himnos patrióticos, cantar parodias, levantar carteles. Venían en una caravana de autos, motos y la singular “cazadora”, pintada con las conocidas consignas contra el TLC. Su propósito era
darle a Arias una especie de serenata bullanguera, burlesca, crítica y naturalmente condenatoria del rumbo que Arias le impone a la vida social y económica del país.

Pero la residencia de Oscar Arias, fue bloqueada por la policía a cien metros a la redonda, impidiéndose el paso de toda clase de vehículos y personas. Estábamos en presencia de una grosera violación de las libertades constitucionales que consagran los derechos de libre tránsito en lugares públicos, el derecho de circulación, de reunión, de manifestación, siendo el Estado el más obligado a cumplirlos y resguardarlos. Más de un centenar de policías perfectamente apertrechado para repeler y disolver reuniones públicas, con máscaras antigás, chalecos, cascos, bastones y otros aditamentos, custodiaban el paso, perpetrando un inaudito bloqueo de las vías públicas, para defender no sabemos a quien, del enojo y la chota, de personas incapaces de agredir a nadie.

¿Qué se ha pensado Arias que es, para violar derechos fundamentales y presumir que los gritos y protestas de un grupo de muchachos y muchachas, pondría en peligro su bien resguardada casa? ¿A qué le teme Oscar Arias? ¿Qué grado de arrogancia o incluso de incomodidad le permite suponer que unos ciudadanos desean acercarse a su casa para agredirlo? Yo vi y escuché entre los presentes, el deseo de hacerse oir, de decirle a Oscar Arias en su cara, que falseó a base del miedo el resultado del Referéndum; decirle que ha fracturado, de manera irreversible, las relaciones entre los costarricenses; que ha entregado su país a un pequeño grupo de corporaciones, que ha erosionado el libre tránsito de personas o maquinarias, que se ha convertido en un simple bloqueador de vías públicas, en un conculcador de derechos fundamentales y en un pobre viejo encerrado entre cuatro paredes; decirle que está tan deteriorado física y moralmente, que ya ni siquiera desea oír lo que piensa de él un grupo de pacíficos ciudadanos, un poco gritones y altaneros como son los jóvenes, pero aun así absolutamente pacíficos.

Don Oscar Arias ha decidido bloquear aceras y vías. Lo ha hecho empleando a las humildes guardias y fuertes vallas de acero semejantes a rejas irrompibles e intraspasables. Oscar Arias perdió de una sola vez y para siempre, cualquier autoridad moral que pudiera tener, para impedir el cierre de vías por parte de los manifestantes. Oscar Arias va por el camino del despeñadero. Puede marchar por esa vía, si así lo quiere, pero no tiene derecho a arrastrar tras él al pueblo costarricense.


Fotografía cortesía de Juan Carlos Antillón
Ultima actualización ( Martes, 20 Noviembre 2007 09:36 )
 

Agrega tu comentario

Tu nombre:
Tu dirección de correo:
Título:
Comentario: