Alfonso Chase. Los comités patrióticos son una de las conquistas mas naturales, y expresivas, del ser costarricense, en un momento determinado de su historia. No son entes aislados de la realidad nacional y, menos aún, grupos inmovilizados para seguir discutiendo en su seno las agendas del acuerdo de Libre Comercio, sus leyes o reglamentos, sino que sin posibilidad de olvido, deben estructurar el cuerpo de la memoria de este tiempo, poniendo sobre la mesa los grandes temas de nuestra época, aquí y ahora, que den forma anterior a todo lo que concluye el 7 de octubre, y a lo que se inicia a partir de esa fecha, para darle base a una idea de país que rechazamos, ya en manos de las transnacionales, o sujeto a los vaivenes de los intereses financieros externos y sus servidores criollos.
Como el proceso de apertura económica se da a partir de 1983, con proyectos fijos y perspectivas definidas en el afuera de nuestro país, veinticinco años después, luego de un proceso de luchas reales, el país se mantiene dividido en dos grandes bloques políticos electorales, que dan forma a los 754 mil votos que expresaron su rechazo al sí, compuesto por diversos sectores sociales y electorales, activos y de existencia comprobable en las urnas electorales, así como en los resultados en las diversas regiones, provincias, cantones y distritos.
El nacimiento de los Comités Patrióticos no fue parte de una espontaneidad de masas, al calor de un asunto importante, sino que se derivan desde la existencia misma de las Juntas Progresistas, los Comités Culturales de Base (CCB), las asociaciones de ecologistas, los grupos de mujeres organizadas, los sindicatos todavía existentes, las asociaciones de educadores y múltiples organizaciones de base, dispersos por todo el país. Nadie o alguien, ejerce hegemonía política dentro de ellos, aunque es claro que dentro de su núcleo interno ésta existe, pero para mantener el delicado equilibrio, y no romper la unidad, muchos han tenido que aprender a sofocar, un poco, sus ímpetus.
Al analizar los diferentes aspectos negativos de los variados acuerdos comerciales, a imponer en nuestro país, quedó claro que existen problemas sociales antes y después del acuerdo, y que éstos inciden en todos nosotros, en esa época de las vacas famélicas, que se nos anuncia con bombos y platillos. He visto que en algunos Comités Patrióticos, de octubre a esta parte, en su agenda se estudian los problemas internacionales, los regionales, los nacionales y los inmediatos del barrio, los cuales tienen que ver a nivel planetario, en una coordenada de deterioro social que abarca a todo el planeta. Es la primera vez que a nivel de barrio, distrito o cantón, todos los participantes se siente contemporáneos de todos los otros seres del mundo y que las concepciones de análisis adquieren carácter planetario.
El carácter mediante el cual circula la información va desde las técnicas más sofisticadas, de los medios y corrientes de trasmisión electrónica, hasta Radio Bemba, en donde la comunicación oral es de singular importancia, más el valor agregado de los diferentes, y variados, programas radiales, e inclusive de la televisión alternativa, que difunden informaciones que no aparecen en la prensa, al menos la más neoconservadora. También he observado varias propuestas de organizar los Comités Patrióticos mediante una forma más sofisticada, por escrito y con funciones específicas, pero eso casi no gusta a los participantes, a los cuales he visto organizarse para sus necesidades inmediatas y no sólo por sus aspiraciones electorales, pues las figuras más emblemáticas y prestigiosas de la lucha contra el acuerdo comercial permanecen en el silencio digno de una labor continua.
El análisis que deriva de los sucesos post referéndum nos permite darnos cuenta de lo que sucede en la esfera legislativa, las contradicciones entre los diputados, las triquinuelas, los pactos y sus ofrecimientos, el valor real de los votos para ir aprobando las leyes “complementarias” y, sobre todo, el espacio temporal para que toda la olla de carne sea devorada por los interesados, teniendo como punto esencial la campaña política que ya está planteada hacia 2010.
El aspecto periférico de la importancia de los Comités Patrióticos radica, en el papel de los políticos, en partir en tajadas el postre electoral, para recomponerse a sí mismos en lo que se avecina. Nada malo hay en esto, siempre que tengan en cuenta las opiniones de los miembros de los Comités Patrióticos, sus diversas opciones ideo-electorales y la necesidad real de que se forme un grupo político, un movimiento, derivado de la lucha, que tome en cuenta los factores de riesgo al aspirar demasiado a lo que no puede lograrse, si no se toman en cuenta diversos pensamientos, personalidades e ideas, para construir una Plataforma Mínima, de izquierda democrática, que vaya más allá de las aspiraciones electorales de quienes desean aspirar a uno, o a varios puestos, relevantes y de elección popular.
Los Comités Patrióticos no pueden seguir inmersos en la problemática de si votan, o no, las complejas leyes suplementarias, que de complementarias no tienen nada. Es obvio que los problemas más importantes están a lectura de todos en el menú de desastres que se avecinan y la lucha de las diversas comunidades contra los problemas que las agobian, desde la canasta básica hasta los que reflejan el deterioro de la vida cotidiana, que son sustanciales a la hora de elegir opciones para la vía electoral y el funcionamiento de una real oposición, que logre modificaciones importantes en las propuestas gubernamentales, para mejorarlas.
El prestigio gubernamental, a nivel ciudadano, sigue manteniendo’’ un 44% de las opiniones, el cual es medio en cuanto a compararlo en lo que será dentro de un año, cuando la campaña política está en tono alto, pues es obvio que, a la fecha, en el seno del antiguo Partido Liberación Nacional, o lo que queda de él, ya todos los puestos relevantes, o están designados, o se mantienen en disputa, a nivel diputadil principalmente, para darle continuismo a lo que se empezó con el Golpe de Estado Técnico.
Pocos, en los Comités Patrióticos, están dispuestos a servir de escalera política para que alguien que no comparte su esencia y aspire a puestos electorales. Quien quiera hacerlo deberá dar la cara para establecer negociaciones en que los principios básicos se mantengan y estos deben hacerse constar en una Plataforma Básica, o en un Proyecto Histórico Político, que transforme al país y sus instituciones, y la manera de hacer política sin consenso-sesiones, como ha sido hasta ahora.
Fuente: Tribuna Democrática |