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Opinión -
General
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Aportado por Carlos Luna Tortós
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Sábado, 24 Mayo 2008 16:03 |
Carlos Luna Tortós. La situación política costarricense es lo suficientemente compleja como para frustrar cualquier intento de una reforma integral que le provea funcionalidad, fluidez y dinamismo a este país. Las grandes decisiones políticas están viciadas por la imposición de las voluntades de los grandes capitales extranjeros y de los oligarcas criollos, infectados crónicamente con el antiquísimo “síndrome del señor feudal”.
La Asamblea Legislativa maquina al son del tambor ejecutivo. Las municipalidades han mutado en entidades inoperantes, incompetentes e inútiles, en su mayoría...
Muchos ciudadanos honrados, con ideas e iniciativas provechosas, difícilmente se hagan a la mar en estas tempestades, no porque les falte coraje, sino porque involucrarse en la política resulta ser también estigmatizante. Y quizá tampoco, porque miran con recelo entrar en un campo que es como un motor dañado: por más que se le trate de arreglar nunca va a funcionar como debe.
Tengo mi teoría: el negativismo y el pesimismo son ideologías fuertes que le sirven a quienes ostentan el poder y no desean aflojarlo. Es decir, el amarillismo periodista es uno de sus mejores aliados. Pero esto es punto para otro tema. Lo que ahora nos toca es lo relativo al elefante y los bocados.
Un movimiento incipiente, como el movimiento ciudadano despertado antes del referendo, no debe enfocarse solamente en intentar poner un presidente a corto plazo. Uno de sus principales campos de batalla, a mi manera de verlo, está en los gobiernos locales. Los motivos son muchos. Menciono algunos relevantes:
1. El movimiento ciudadano es, en sí mismo, un movimiento local, en donde se encontraron gentes con diversidad de criterios que aprendieron a luchar juntos por un mismo objetivo: la oposición a un megaproyecto nacional que influiría poderosamente cada localidad. Gente de la misma comunidad. Gente del mismo cantón. Gente que hoy se conoce mejor de lo que antes se conocía. Gente que sabe de la situación comunal.
2. Los núcleos fueron capaces de integrarse nacionalmente con el fin de luchar por un objetivo común. Este es un elemento fundamental, pues es trascendente y visionario.
3. El método de trabajo incluyó la formación constante y el debate, es decir, la búsqueda y la implementación del conocimiento para tomar decisiones. De hecho, a mayor debate y discusión, mayor apoyo se lograba para este movimiento.
4. El tiempo pos referendo ha servido para reflexionar sobre este proceso y para cuestionarse sobre el fantoche de democracia que vivimos. El trabajo se ha continuado y la unión dentro y entre los grupos se ha mantenido.
5. La pluralidad del movimiento lo ha empujado hacia el ejercicio de un elemento crucial para la democracia: la tolerancia. Aunque, claro está, es necesario pulir mucho este aspecto.
Por otra parte, y en contraste, observamos municipalidades que toman decisiones poco acertadas, donde los presupuestos son mal ejecutados, donde aunque haya dinero no se sabe dónde o en qué se invierte. El nivel de corrupción en los gobiernos locales ha sido percibido como el mayor, según algunos sondeos. Las obras se ejecutan sin que realmente exista una estricta supervisión de su calidad. Las casas parecen construirse una sobre otra en medio de un caos imperante debido a la tradicional carencia de planificación del crecimiento urbano. Los mantos acuíferos son contaminados. Las aguas negras se vierten sin tratamiento. El manejo de la basura es deplorante. Hoy una empresa que arregla los acueductos destruye una carretera que recién terminaron de recarpetear ayer, porque nunca hubo alguien que planificara ambos proyectos en el contexto de una sola comunidad. En fin, estas son solamente algunas ilustraciones. No es casual ni sorpresivo el nivel de abstencionismo en las elecciones municipales. Para nada lo es.
Involucrar el movimiento ciudadano y sus capacidades de lucha, discusión y acción en la construcción de las sociedades locales que constituyen nuestra sociedad nacional es una estrategia para construir desde abajo. Estamos en un terreno peligroso donde se armó una casa, a la que con los años le fueron haciendo tantas remodelaciones sin guía alguna, sin planos ni diseños, que crecía para arriba, porque tenía que hacerlo, pero que en un momento dado se puede derrumbar fácilmente. Esa es nuestra sociedad. Articular el movimiento a nivel local es como reconstruir la casa desde los cimientos.
La capacidad de diálogo con la comunidad misma es una de las mejores herramientas para educar y construir una cultura basada en valores positivos.
La planificación a escala local, que tome en cuenta el ser de la comunidad, que se avoque a educarla en ese sentido, logrará hacer el mejor y más eficiente uso de los escasos recursos con que se dispone.
La articulación de estas comunidades entorno a intereses regionales es necesaria con el fin de lograr la solución de problemas mayores, como el manejo de los desechos, por ejemplo.
Los gobiernos locales pueden ser transformados por manos de los ciudadanos sin intereses politiqueros, sino comunales, con el fin de que sean motores del desarrollo local, y no solamente económico, sino integral. Pueden funcionar como centros de control de otras actividades: la educación, la cultura, la formación de los ciudadanos para crear nuevas fuentes de ingreso y para aprovechar mejor las existentes. Pueden llegar a ser núcleos que coordinen y vigilen el desempeño de instituciones como las asociaciones de desarrollo, los centros agrícolas, las bibliotecas comunales, los centros públicos de salud. Pueden promover activamente la participación ciudadana.
Lo anterior no es novedad alguna. La novedad es que ahora hay grupos comunales organizados y que tienen una visión común: promover el desarrollo social y económico de nuestro país basándonos en sistemas solidarios y sostenibles (social, económica, cultural, ecológicamente).
Mucho se puede avanzar desde los gobiernos y las instituciones locales. Es necesario que el pluralista movimiento ciudadano se avoque a trabajar en las comunidades y entre las comunidades, respetando las particularidades propias y siguiendo un objetivo nacional.
Para continuar con la propuesta, me parece que hay dos grandes ejes en los cuales trabajar a nivel local:
- LA PLANIFICACIÓN DEL DESARROLLO LOCAL.
- LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN.
Las metodologías que se lleguen a aplicar con miras a alcanzar los objetivos específicos en cada uno de esos ejes pueden ser enriquecidas por la enorme riqueza en diversidad y pluralidad del movimiento ciudadano. Los productos van a ser siempre muy positivos y de enorme impacto a nivel local. Y uno de los valores agregados será, sin duda, el aumento de la credibilidad del movimiento y la atracción de más ciudadanos a ejercer un compromiso sólido con su comunidad y su país.
¿Es esto demasiado optimista? Quizás lo sea, pero también el tener visiones optimistas es el mejor remedio contra la ideología del negativismo que nos cuelgan del cuello como piedras.
El movimiento patriótico no se puede permitir que pase otra administración municipal, sin antes haber concertado y asentado las bases para una democracia participativa a nivel local, sin haber modificado el concepto de las municipalidades y su rol en la descentralización, el impulso al desarrollo local, el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos y, sobre todo, la consolidación de un concepto de crecimiento sostenible (en todo el sentido de la palabra) y autóctono, capaz de estar abierto al desarrollo que la ciencia y la tecnología ofrecen, pero sin renunciar a la cultura de cada pueblo.
Llegar a tener diputados después de la dictadura en democracia es, además, otra gran meta sobre la cual me referiré en otro comentario.
Carlos Luna Tortós.
http://carlt-politica.blogspot.com/
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Ultima actualización ( Domingo, 25 Mayo 2008 09:54 )
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