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Opinión - General
Aportado por Alvaro Montero   
Sábado, 31 Mayo 2008 09:22
Álvaro Montero Mejía. Tal parece que usted ha enmudecido. El silencio que lo acompaña no es el resultado de una dolencia en sus cuerdas vocales, sino de su casi total ausencia de argumentos y propuestas, con los cuales enfrentar los dramas económicos y sociales a los que su gobierno está indisolublemente vinculado. Obviamente no es usted el responsable de todo lo penoso y agobiante que sufre el pueblo de Costa Rica. Pero usted es el arquetipo de la vieja política, de esa forma de actuar y usar de los poderes del Estado, que el pueblo costarricense quiere, hoy más que nunca, dejar atrás.

Sin exonerar al Expresidente Luis Alberto Monge por haber iniciado la contrarreforma neoliberal en Costa Rica, pensamos que él fue más una víctima que un actor. En efecto, los organismos financieros se lanzaron como fieras con el propósito de derrotar la firme resistencia patriótica del Expresidente Rodrigo Carazo, resistencia que aún en estos días, le cobran las maquinarias de la desinformación y el entreguismo. Cuando Luis Alberto Monge asume el gobierno, en 1982, se encontraba literalmente cercado. Por un lado lo acosaban los organismos financieros internacionales y por el otro, el gobierno de Reagan estaba dispuesto convertir a Costa Rica en una plaza de armas contra la naciente Revolución Sandinista. Monge cedió ante el FMI y el Banco Mundial, pero se dio maña para impedir que Costa Rica fuera ocupada, en su frontera norte, por el ejército los Estados Unidos. En ese contexto aparece su propuesta de la Proclama de Neutralidad, que declaraba la neutralidad perpetua y no armada del estado costarricense.

Luego viene su gobierno, Dr. Oscar Arias. Su propuesta original de paz en Centroamérica, fue el resultado de una coyuntura puramente casual y electoral. Las cosas ocurrieron así. El licenciado Rafael Ángel Calderón, contendor suyo en el torneo electoral, cometió la imprudencia de afirmar que enviaría guardias civiles a combatir las guerrillas "comunistas" en otros países de Centroamérica ¡Grave error! El pueblo costarricense repudió espontáneamente semejante propuesta, que contravenía arraigados sentimientos y que de paso borraba la sabia decisión de Monge de no ser parte de la guerra centroamericana.

Sus inteligentes asesores le aconsejan a usted cabalgar en el caballo blanco del pacifismo y el pueblo costarricense le responde eligiéndolo Presidente. Pero a partir de 1986, usted introduce de cabeza a nuestro pequeño país, en el proyecto neoliberal que los organismos financieros, la banca internacional y las corporaciones multinacionales, instalaban, a marchas forzadas, a lo largo y ancho del continente.

En ese entonces, Usted consolida los programas de Ajuste Estructural e intenta privatizar las telecomunicaciones entregándoselas a Millicon, empresa piratesca de origen oscuro, que los aguerridos trabajadores del ICE se encargaron de expulsar. Después inicia una guerra sin cuartel contra los agricultores de granos básicos en la región de Pocosí y Guácimo, a los que reprime y encarcela por el atrevimiento de llegar hasta el Banco Central a exigirle respeto y consideración. Habría mucho que decir sobre los manejos financieros de su gobierno y las inauditas concesiones a los terratenientes, a los dueños de las financieras y a los nacientes bancos privados. El ímpetu represivo de su gobierno se ve refrenado por su obligación de mantener, sin grandes convulsiones, su imagen del Presidente Premio Nobel de la Paz. Pero es usted quien posee el triste honor de haber iniciado la instauración plena del neoliberalismo en Costa Rica.

Esa misma necesidad de exhibir en el terreno internacional un discurso adornado con referencias a la paz, a la política de consenso y a la defensa de la naturaleza, es la que lo obliga a un permanente doble discurso, porque la ejecución concreta de las acciones económicas y sociales que verdaderamente lo inspiran, llevan al pueblo de Costa Rica por el camino del calvario.

¿Qué hay más contrario a la paz, a los derechos humanos, a la defensa de la vida, a la irrestricta protección de los recursos naturales como la riqueza de los mares, de los arrecifes y los litorales, que su implacable propuesta del TLC ? ¿Qué hay más contrario a la paz que someter este pueblo noble y pacífico a la violencia desatada del capitalismo salvaje, al mundo sórdido e implacable de las corporaciones trasnacionales y a la depredación de los recursos fundamentales para la vida como son el agua y la producción de alimentos? ¿Qué puede usted decirle al pueblo humilde de Sardinal, cuando para complacer la voracidad de los llamados "desarrolladores", privatiza los mantos acuíferos que son de sus pueblos y que usted les arrebata sin el menor escrúpulo?

¡Vaya usted a Sardinal don Oscar Arias; atrévase a convocar al pueblo y a explicarle las razones de su proceder y la presencia de los antimotines con que pretende acallar la justa protesta! ¡Viaje usted por las regiones de la costa e intente convencer a los pobladores de las razones por las que su gobierno les entrega a las multinacionales del turismo, a cambio de casi nada, uno de los litorales más bellos y acogedores de América Latina, que está incluso exento de huracanes! ¡Recorra usted la provincia de Guanacaste y sus 10,000 km², sus playas y sus bosques, sus llanuras y sus áreas de cultivo, sus torrentes y sus volcanes, y trate usted de convencer a esos habitantes pobres y postergados, por qué las inagotables riquezas que alberga su provincia se quedan en las manos de los multimillonarios cuya presencia alienta su gobierno!

Usted no podrá hacer eso por una razón muy sencilla. Porque Usted se ha quedado sin voz. Y no me refiero, como dije antes, a sus cuerdas vocales sino las palabras que emergen de la conciencia, de los sentimientos, de las razones profundas que deben acompañar cada acto, cada decisión, de cualquier hombre o mujer que rija los destinos de Costa Rica.

Leído en la calle, ante la casa de Oscar Arias, el lunes 26 de mayo a las 8 p.m.
Ultima actualización ( Lunes, 02 Junio 2008 18:23 )
 

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