En Costa Rica la Iglesia católica y las organizaciones campesinas se reunieron para hablar de la crisis alimentaria. En la Jornada Nacional por la Alimentación y los Derechos a la Producción de Alimentos, celebrada el pasado 24 de junio, acordaron solicitar al Gobierno un diálogo nacional a fin de concertar un programa integral de polÃticas públicas que le garanticen a la población seguridad alimentaria, acceso a la tierra y financiamiento para producir, precios asequibles de los insumos agrÃcolas y los ingresos suficientes para adquirir los alimentos.
En verdad es necesario hablar de las polÃticas agrÃcolas. Durante los últimos años fueron desdeñadas porque el mercado se encargarÃa de todo. Se producirÃan aquellos alimentos que fueran rentables, compitiendo con otras actividades como las financieras, y si algo faltaba lo importarÃamos con los dólares de nuestras exportaciones, aprovechándonos de los subsidios que otros paÃses sà otorgaban a sus agricultores.
No era necesaria la intervención del gobierno. La oferta y la demanda se encargarÃan de encontrar el equilibrio. Cualquier mediación pública distorsionarÃa el mercado. Como si el mercado de los productos agrÃcolas fuera como en los libros de texto y se rigiera por las reglas de la competencia. Como si no fueran unas pocas transnacionales las que dominan el mercado mundial de semillas y agroquÃmicos y controlan la comercialización de los principales alimentos. Como si el precio del azúcar, de los lácteos y de las grasas no fuera objeto de especulación internacional. Como si...
Por esa veneración al mercado en Costa Rica prácticamente se desmanteló el Ministerio de Agricultura y las otras instituciones del sector. Se redujeron los presupuestos a porcentajes ridÃculos y se repudiaron instrumentos de polÃtica que eran eficaces para fomentar la producción y beneficiar a consumidores de pocos ingresos; se minimizó el papel de la investigación y de la extensión y se degradó el apoyo a la comercialización interna. Solo algunos productos de exportación, no siempre en manos nacionales, contaron con beneficios fiscales.
Resulta evidente que la peor polÃtica agrÃcola es la que se ha seguido en los últimos años: dejar las cosas en manos del mercado. Es por eso que se requiere, primero, definir el papel que les corresponde a la agricultura y a los agricultores costarricenses en un contexto de apertura y, luego, establecer objetivos de largo plazo precisando los instrumentos concretos que se utilizarán para poder alcanzarlos.